6 de julio de 2015
La banda roja jugaba su chance de llegar a cuartos de final en el Félix Piazza, posibilidad que quedó agotada en el 3 a 0 que cifró el buen triunfo piazzista. El conjunto millonario quedó eliminado del certamen, en tanto que el industrial culminó la fase regular en el tercer lugar y rivalizará en la próxima fase con Chacarita.
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Domingo 5 de julio, estadio Félix Piazza: Dos propuestas con puntos en común (entre otros, las ansías de protagonismo, la aventura ofensiva, las sociedades entre jugadores para progresar a partir de la tenencia) pero con distintas circunstancias como condicionantes. Piazza abordó este partido ya clasificado y River debía no perder para aspirar a igualar esa condición. El local, pese a esa posición favorable, tomó el partido sin relajos, plasmando momentáneos lapsos de buen juego que determinaron la suerte (mala) de los millonarios, que ayer sólo se enriquecieron cuando “Chachi” Acuña hizo lo que se espera de él.
El momento más meritorio del partido quedó determinado en los primeros quince minutos, cuando el intercambio de ataques era sesudo, con cierta virtud, criterioso en la disposición de la pelota, aventurero. Para dos equipos que pugnaban por prosperar con pelota al pie, el estado blando del campo de juego condicionaba y mucho ese camino.
Por el momento, las acciones se situaban -casi sin peajes- en tres cuartos de sendas mitades.
Esteban Valdez y Brienzo edificaban el juego industrial, matizaban los vagos intentos ofensivos. Pero el andamiaje creativo piazzista, por entonces, se excedía en la lateralidad y no pasaba a la fase vertical.
La coyuntura más relevante de la primera etapa tuvo lugar a los 24’, luego de que Acuña mandara un pase justo y agresivo a la defensa local; el destinatario fue Guillermo Pérez, que corría al filo de la posición adelantada dentro del área. El “Negro” buscó zafar de la marcación de un defensor, que lo fauleó y llevó a que Blanco sancionara -acertadamente- el penal. Pérez se hizo cargo de la ejecución y Barbieri se hizo cargo de mantener el marcador en cero, atajando el débil envío sobre su poste derecho.
El encuentro no malogró su intensidad, pero sí fue perdiendo una saludable efectividad en la concreción de ideas; la materialidad no se daba la mano con lo cerebral. Las cesiones largas, azarosas, tomaron protagonismo (en parte, por el barro de la cancha) y así fueron desconectándose algunos de los jugadores que mejor gravitan con otra tesitura de juego.
La banda roja pareció lograr, en los primeros minutos del complemento, el colmo de su ubicuidad respecto a lo que estaba en juego. Las reverberaciones de lo que iba sucediendo en los otros estadios llegaban al reducto industrial y River comenzaba a sentir que la espada de Damocles se había puesto aún más acuciante. Parecía haber fortalecido su sentido colectivo, aunque todavía sin llegar a complementarlo con profundidad.
El conjunto de Hourcade, por su parte, estaba enfocado únicamente en el partido, que si bien por momentos le era levemente adverso, jamás había escapado a sus manos. Y como para marchitar los sueños riverplatenses, se puso en ventaja: tiro de esquina desde la izquierda hacia la medialuna, recorrido corto hasta Sergio Valdez (sobre el punto penal), éste cobijó la posesión, giró y mandó un forzado remate que, tras rebotar en un jugador rival, fue a dar con la red.
El tanto del villero activó la alerta grado máximo entre los visitantes. De la mano de Acuña, River logró gobernar el desarrollo; pero esa dependencia extrema de los méritos del volante, si bien suministraba beneficios arrojaba problemas, pues “Chachi” estaba muy solo desde lo futbolístico y prosperar se le hacía harto difícil.
El industrial supo contemplar, siempre con rienda corta, la circunstancia externa al mero partido en la que se debatía su oponente, como si se tratase de un testigo de una desgracia ajena. Empezaba a vislumbrar que, de mantenerse en ventaja, las necesidades empujarían al albirrojo -casi sin coto- a lanzarse contra Barbieri. A los 32’, Sergio Valdez recibió dentro del área, entre desorientados defensores, y el recién ingresado Perafán (luego de la extensa suspensión) lo golpeó con una de sus piernas en el estómago. Otro penal bien sancionado por Blanco y fue el propio goleador el que lo coronó con gol. Ya no hubo más que discutir entre los equipos. River asimiló la imposibilidad de siquiera empatar el cotejo y eran los resultados ajenos los únicos que podían arrimarle algo de felicidad. Pero sus rivales en el limbo de la clasificación, al menos dos de ellos, cerraron sus disputas con triunfos y agotaron las chances de la banda roja.
Lo último que nos contó el encuentro en el Este fue el gol de Ramón Sánchez, una muy buena definición cruzada y alejada de Acosta (de notorio segundo tiempo). Ese suspiro final también nos contó que River ya no jugará el Apertura.
LA FIGURA 
Germán Acuña
Esta opinión reconoce y celebra la esencia del juego que propone Germán Acuña, esa sintonía que el volante de River tiene con el espíritu de este deporte: la vocación ofensiva, la gravitación a partir del juego asociado, la creatividad, la valentía, el compromiso. Ese el menú que ofrece siempre Acuña y es el que convidó ayer, no obstante la derrota y algunos pasos en falso.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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